Duplicación de la mortalidad y ciudades más afectadas
El impacto del aumento generalizado de las temperaturas en la última década ha provocado un incremento notable de las muertes por calor en España. Según los datos difundidos por el reciente informe de Lancet Countdown sobre salud y cambio climático, la mortalidad anual vinculada a esta causa ha pasado de una media de 82,8 muertes por cada millón de habitantes en las ciudades españolas entre 1991 y 2000 a 176,3 entre 2015 y 2024. Este fenómeno refleja cómo las altas temperaturas inciden de forma directa en la salud pública, afectando tanto a través de golpes de calor como agravando patologías cardiovasculares y respiratorias.
El análisis detalla que el incremento no se distribuye de manera homogénea en el territorio nacional. En términos absolutos de mortalidad por altas temperaturas, Jaén encabeza la lista con una media reciente de 370,94 defunciones anuales por millón de habitantes, seguida por otras localidades como Linares, Salamanca, Talavera de la Reina y Ciudad Real. Por otro lado, al analizar la evolución proporcional en los últimos 25 años, Castellón destaca por multiplicar su tasa de forma muy acusada —pasando de 26 a 168 muertes por millón de habitantes, lo que representa un incremento del 553,5%—, al igual que Torrevieja y Barcelona, según los registros contrastados por La Vanguardia.
El estudio también detalla que más de la mitad de la población española, unos 25,8 millones de personas, vivía en 98 ciudades durante el periodo de estudio, concentrándose un 40% de la población urbana en las tres principales urbes del país: Madrid, Barcelona y Valencia. Entre los colectivos más vulnerables, el informe destaca que más de cinco millones de personas superaban los 65 años y 3,5 millones eran menores de 15 años.
El fenómeno de las ‘trampas de calor’ y la falta de zonas verdes
Detrás de este incremento en las cifras de mortalidad se encuentra la consolidación de lo que los expertos denominan ciudades trampas de calor o el efecto de isla de calor urbana. Las infraestructuras urbanas compuestas por asfalto, hormigón y edificaciones densas absorben y retienen la radiación solar durante el día, liberándola de manera paulatina durante la noche e impidiendo un alivio térmico adecuado para los ciudadanos, especialmente para los colectivos más vulnerables como la población de tercera edad y la infancia.
El estudio coordinado por instituciones como la Universidad de Heidelberg e ISGlobal subraya que el diseño urbano actual y la escasez de vegetación agravan esta situación. Un ejemplo paradigmático señalado en los datos es Granada, que entre 2003 y 2020 registró más de 300 días en los que la temperatura urbana superó en al menos 1,5 grados a la de las zonas rurales de alrededor, con una media de 118 días por verano frente a la media nacional de 12,3 días. Aunque el informe señala que una mayor cobertura arbórea reduce de manera efectiva las temperaturas superficiales —disminuyendo en torno a 0,7ºC de media—, España cuenta con una media de superficie urbana cubierta por árboles del 13,2%, situándose la gran mayoría de los municipios por debajo de los umbrales recomendados por los organismos internacionales para mitigar los efectos del cambio climático en la salud.
Retos en movilidad sostenible y adaptación sanitaria
Ante este escenario de vulnerabilidad climática, las organizaciones internacionales insisten en la urgencia de reorientar las políticas urbanísticas y sanitarias. Los expertos recuerdan que la integración de infraestructuras verdes, el uso de materiales reflectantes y la potenciación de un transporte público eficiente y accesible son medidas indispensables para reducir la carga térmica en los núcleos urbanos. En este sentido, las ciudades españolas obtuvieron una puntuación media de 5,3 sobre 10 en movilidad sostenible, reflejando que el acceso a pie, en bicicleta o mediante transporte público todavía presenta importantes márgenes de mejora en la planificación urbana actual.
Sin embargo, el informe advierte de que los planes de adaptación locales todavía dedican recursos insuficientes de forma directa a la protección de los servicios sanitarios y las infraestructuras de movilidad activa. Mientras que el 39% de los planes de adaptación climática en Europa incluyen beneficios explícitos para la salud, la financiación prioritaria se ha dirigido mayoritariamente hacia la eficiencia energética y los edificios, dejando un margen muy escaso para la adaptación directa de los sistemas sanitarios ante la crisis climática.
